11 de diciembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Breves WTF', por Verónica Klingenberger

“Una de las pocas certezas de estos días es que no tenemos politólogo alguno que le achunte. Todos los analistas patinan y luego se miran desconcertados”.

'Breves WTF', por Verónica Klingenberger Detención de Fujimori, referéndum planteado por Vizcarra, victoria de Jorge Muñoz en la alcaldía, el candidato Jair Bolsonaro.

Por Verónica Klingenberger
PERIODISTA

1) Tiempos extraños estos

Un presidente bien plantado, unas elecciones municipales en las que no gana un delincuente y Keiko Fujimori esposada en el asiento trasero de un patrullero. Las cosas parecen estar saliendo tan bien que todos sospechamos de algún gato encerrado. En un país donde la corrupción lo ha quebrado casi todo, solo queda espacio para la paranoia y el desconcierto.

Una de las pocas certezas de estos días es que no tenemos politólogo alguno que le achunte. Todos los analistas patinan y luego se miran desconcertados, celebran o maldicen, según el polo en el que estén. Porque hoy, y aparece la segunda certeza, todos son fervientes defensores de los extremos.

Si discutes con alguien de derecha y criticas a un facho, por ejemplo, la izquierda torpe, corrupta y desastrosa aparecerá en su argumento de contraparte. Y si apuntas tu artillería hacia la izquierda y sus ladrones o dictadores, entonces serás acribillado con argumentos que caerán por encima del hombro de unos seres incuestionables, justos y siempre empapados y compenetrados con el dolor y las aspiraciones de los más pobres.

2) No solo la alegría es brasileña, también la insensatez

El domingo pasado, uno de cada dos brasileños –Ronaldinho Gaúcho incluido– votó por un fascista. Jair Bolsonaro, excapitán de los paracaidistas de las Fuerzas Armadas, es un monstruo muy temible que engorda, supuestamente, debido a la indignación y rabia de un país quebrado luego de 10 años de gobiernos cleptómanos de izquierda aunque con el establishment de la derecha de siempre: Rede Globo y la federación industrial de Sao Paulo (estado donde el Bolsonaro ha arrasado) son los principales responsables de la histeria reflejada en ese 46%.

Preocupa también que el mal se extienda como epidemia por la zona (ya anunció que de ganar eliminaría el ministerio del medio ambiente y sacaría a Brasil del acuerdo contra el cambio climático, chau pulmón verde del Amazonas). Sabemos lo endeble que es la salud de nuestros pequeños países, siempre entusiastas a los populismos y a esa fórmula M (milicos = orden) + R (religión = evangelistas y católicos ultraconservadores, millonetas y pro familia) = Progreso. El amigo de un amigo, profesor de literatura en una universidad de São Paulo, le advirtió hace cinco años que Brasil caminaba hacia una “teocracia militar”. Recién hoy empieza a creerle.

Bolsonaro es un Trump en anfetaminas. Ha encontrado, valiéndose del chiste machista y racista, una audiencia masiva que no lo celebra tanto en el nordeste (la región más pobre), sino más bien en el sudeste (zona que concentra la mayor riqueza). Su popularidad también subió luego de las protestas del 20 de setiembre, donde miles de mujeres protestaron contra sus exabruptos misóginos. Por eso la teoría del proletariado decepcionado y golpeado por Dilma y Lula como responsable del crecimiento de la ultraderecha no cuadra tanto. Tiempos extraños, decía. Que pasen los analistas políticos. O mejor no.

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